Jesús Corona / Falsas Ilusiones

Poemas de tu creación o poemas que quieras comentar de algún escritor

Moderadores: Administradores, Moderadores Globales, Mod. Cultura

Jesús Corona / Falsas Ilusiones

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 11:45 am


Falsas ilusiones




Movidos por falsas ilusiones
que les hacen salir en busca
de instantes de gloria,
narcótico para el alma atrapada
en las sangrantes carnes del ser
intentando vivir en mente ajena,
no comprenden nada del sublime
arte del dejar de ser,
y sin una mirada a quien morir
es cosa de todos los días,
pasan a mi lado con falsa alegría,
sin saber que la soledad que embarga
a un hombre perdido en la contemplación
del negro río que atraviesa su morada,
será la soledad de su mañana.

(Como no quiero ser para ustedes ni sombra,
he de estar en este hueco en tinieblas y callado,
pues al saber que las imitaciones
no terminan, cómo odiaría sus voces,
hechas eco, al exclamar:
¡Para ti no hay luz que ilumine tu vida!
Oírlos hablar de luz me exaspera.

Qué mayor coraje
que escuchar de muertas bocas
lo que ni medianamente
alcanzan a vislumbrar.

Den gracias de no encontrar
significado a sus palabras;
terminarían en el fondo del río
amarrados a pesada roca,
o en esta habitación,
a mi lado, vueltos sombra).


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / No es extraña la noche

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 11:51 am


No es extraña la noche





No es extraña la noche
cuando repliega mi mente
en un apretado ovillo
cuya punta no busco
para desmadejar sus motivos.

Motivos, ¡vamos!
Encuentro pobre palabra
cuando hay algo que no entiendo,
pues qué motivos puede tener la noche
para trastocar mi sentimiento,
si no es sólo la necedad
de verse cual indomeñable bestia
al zaherir el desaliento.

No, no es extraña la noche:
Es tan común esta impresión
de soledad, de nada, de abandono,
que la noche para mí es vacío que guardo,
como niño su tesoro,
en la rota oquedad de mi cerebro.

Con obscurecida presencia
me ha rodeado cual callado consuelo.
Es manto resguardando mi esencia,
vuelto negro blasón de duelo.

Porque en esta noche de muerte,
he de permanecer quieto, callado.

Semejar sombra de tumba,
para no atraer la ira
de la que me ha abandonado.

Porque la noche no puede negar,
por más que los obscurezca,
la hiel de unos ojos
en los que no hay ni encono,
sólo lluvia negra.

Y en esos amados ojos
no distingo más que indiferencia.

Me miran cual viles despojos,
sin deseo de imponer sentencia.

Y lo que no debería renacer,
en mis pupilas florea,
vuelto mustios pétalos
que al instante,
podridos,
la misericordia alejan.

Tal crueldad me hace rogar:
que la noche alivie mi pena,
así sea con mentira y falsedad.

No, que no me alivie la noche,
pues este dolor que no acaba
con ella le puso broche.
La prefiero iluminada,
es tener algo de ella,
por la claridad de su negra mirada.

No es extraña la noche
cuando por ella, para ustedes,
sólo soy un miserable
que a falta de algo mejor
se regodea entre las tinieblas
que la infelicidad creó,
sin saber que gracias a ellas puedo convivir con el dolor.

No, no es extraña la noche.

Es sólo cruel abandono
para quien de amor moría,
entre ocasos y auroras
donde ingenuo dormía.

No tuve recelo ni oído para el futuro que acechaba,
mientras la noche velaba, sobre un hombre caído.

¿Pero es extraña esta noche?
Su transformación es evidente,
la hace caer, en esta miserable morada,
sobre la cama con un sonido silente
para envolverme enojada.

Al hacerlo rompe las endurecidas
ventanas de mis entrañas,
que se deshacen heridas
para volver los recuerdos patrañas.

No, no es extraña. Lo extraño es mi serenidad:
me permite contemplar,
sin sobresalto ni angustia,
la mano obscura que castiga
de la noche su bondad.

Y se estrena un silencio para hablar
de la que me ha abandonado.

Y me doy cuenta que el castigo es,
no tener su cuerpo adorado.
No, no es extraña esta noche:

Me mira, abraza y sonríe,
cuando apuro el veneno de una mano,
que necesito creer suya,
para sellar, con un trago, lo pactado.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / En Barcelona

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:01 pm


En Barcelona





Antes de viajar a España, un lejano día,
guardé esta hoja en el pasaporte
cierto que la nostalgia me apresaría,
y el arrebato de mi país rasgó el norte,
al buscarla, harto ya de esta pena,
para escribirle a quien, siendo mi amor,
quedó tan lejos y me es ajena.

Sí, enfermo del dolor que lacera
y roto en miles de fragmentos,
la busco a mi lado y ya quisiera,
transformar deseos en lamentos.

Cuánto odié la blanca base,
era más que pena nueva,
por no cargar la frase,
que hacia mí la mueva.

Ha pasado tanto tiempo desde ese día
en el cual a cada minuto me decía:
Ahora es el momento de traerla a mi lado,
pero la incertidumbre me volvió frío, helado,
al pensar que conmigo jamás volverás,
y una conocida sensación de hacerme daño,
para alejar la navaja con la que vendrás,
me hizo ovillo tirado en el baño.

Y es que desde que estoy aquí,
parecen siglos y son tres años,
para hacerte el amor
me hace musitar tu nombre,
y a mí, de tan triste
y sin importar que sólo
el silencio me responde,
me abrasa un calor que agota;
es deseo cocinando la derrota.

Pues negra sangre humedece ilusiones concebidas para amarte,
mas es poca la que obedece, a la razón y penas para olvidarte,
No sé qué hacer con esta negra sangre
que es fuente de desventura,
ni cómo transformar en dulce brebaje,
el lodazal que mana de la amargura.

Quiero escribir,
mas la frustración enreda,
trenza palabras con miedo,
lo difícil que es reconocerse
silente y derrotado;
sin frases suficientes
para romper el pasado.
Incapaz de tornar en paloma
la hoja del otoño de mi vida,
la culpa burlándose asoma,
cual de entre pecho y ala herida.

Mis ojos desde ese día,
hueros de la carne que extraño,
se aferran a la hoja hecha sangría,
cual si fuera la costra de un araño.

Imposible habituar al corazón
a lo que ésta le dicta,
es un nombrar su nombre
que no alcanza ni para una sonrisa.

No basta ya el agotado recuerdo
para vaciar en él mi aflicción,
y sólo queda buscar el miedo
que me devuelva la razón.

Contemplo mis manos, cuencos de piel vacía,
palpitando con alas por el deseo inferidas.

Al tocar el papel
sentí en mi piel tu piel
y en mi boca tu boca,
y el recuerdo reventó
para empapar mi ropa.

La veo mudarse en mensaje,
es boleto de avión transformado,
para que esta pena sea triste pasaje,
que mañana la traerá a mi lado.

La puse con mucha delicadeza,
cual última cerveza del estadio,
en el buró y su pureza
se volvió mi calvario.

Cansado de tal tormento,
revolví ansioso en la maleta
para trocar en trozos sin aliento,
la ciega soledad cruenta,
y escondido tras su silencio,
entre pedazos del ayer
que han de servirme mañana,
encontré el perfume de mi amada.

Es la carta que me diste,
junto a una cruz y novenario
y un gesto recordado a diario,
cuando me despediste.

Cierto que del olor asoma
la más profunda memoria,
ansioso aspiro el viejo aroma
para asilarme en tu historia.

De haber sabido
que sería mi única compañía,
te habría suplicado
más del agua que escurría,
en obscura lágrima
que mojaba tu mejilla,
y hoy, mezclado amor y lástima,
la beso en esta cuartilla.

Por eso, lo que en mi mente dio inicio
esa noche de insomnio y desaliento,
esta madrugada tomó cuerpo
al escribir, con tinta granate
—De tan roja semeja negra sangre,
me dijo el dependiente ansioso de la venta,
y es ideal para una epístola de amor—,
la frase que traerá a quien tiene
parte de mi corazón.

(Un escondido pedazo,
más frío que un muerto,
en el sorprendido pecho
aletea por el reencuentro)

Y así fue que escribí,
fijándome hacerlo sobre la línea
que trasluce el delicado papel:
¡Cuánto te extraño!
Todo en mí te reclama
desde aquel día en que,
con absurda explicación,
te dije que para lograr reconocimiento me iría,
y no me importaron ni la pena del adiós,
ni el saber que te perdía.

¿Será por eso que la vida es obscuridad
que me niega alegría y esperanza?
¿Será por eso que no siento necesidad
de triunfo ni alabanza?
¿Será soledad con la que muero
aprisionando con tal saña?,
¿o será que sin ti no quiero,
un día más de amor vuelto cizaña?
Ansia sin fin por tenerte…

Miro al gato que una noche,
el abandono sobre el miedo,
empapado y hambriento
maullaba hacia mi encuentro,
y le pregunto si a mi lado vendrás.

Lo veo tranquilo
y pienso no es el mismo
que agazapado en una esquina,
con ojos azorados dijo:
Estoy padeciendo cruel castigo
y no puedo soportar más amargura.

Déjame pasar esta noche contigo,
pues la vida ha sido muy dura.

Lo cargué, sequé y le di mi cena y almohada,
y él me dio lo único que puede dar,
lo cual ningún humano iguala.

Bueno, mi mujer.

Pero está tan lejos
y mi corazón tan cerca
de la tristeza y sufrimiento,
que tengo que refugiarme
en el peludo vientre
para sentir el calor de un ser viviente.

Desde el alféizar de la ventana, lamiéndose con desgano,
me observa esperando su bocado
sin preocuparse en responder
lo que ya yo he contestado.

Pero hoy,
que duerme la bestia negra
de la incertidumbre,
por fin puedo escribir esta carta y,
¡hablar después de tanto silencio!,
qué bien me sienta.

¿Pero habré, también, de mentirle?
Decirle:
“La estoy pasando muy bien
y día a día al triunfo me acerco”.

No, me niego a eso.

Si he de hablarle será con verdad
que se agiganta en su presencia,
entre estas paredes que la parvedad
hace lo más real de mi existencia.

Escribir:
De haber imaginado lo que te extrañaría,
jamás te habría abandonado…

Una sarcástica voz exclama: No, no es cierto.

Tu deseo, y hacia allá te dirigía,
era hacer de la tristeza compañía.

Anzuelo donde la soledad germina
en creación que el dolor sublima.

Ha de ser por eso que estás allá, tan lejos,
y yo aquí, con un hueco enorme en el alma,
pero nunca tan cerca de ti.

De ti que con tu recuerdo me tornas flama
para volver esta ciudad de alegría y cantos,
transfigurado el alegre panorama,
en una Barcelona de dolor y llantos.

Mas ahora que te escribo
mis ojos brillan cual si estuvieran vivos
y pienso:
Ojalá verme pudiera, aquél que en la calle me evita.

Hoy, diferente del que medita, seguro la espalda no me diera.

Y me digo, más bien te escribo:
De no haber sido por la torpeza
de navegar en un mar equivocado,
aún te tendría y juntos miraríamos
las estrellas y los amaneceres,
la lluvia y el otoño,
los cantos y los rezos.

Mas ahora aquí, en Barcelona,
cuando la vocación me abandona
y hace interminables los minutos en la cama,
me arrastro por el barrio Gótico y la vía Layetana.

La música que brota de los bares
me repele hacia las sombras;
me escondo de cantos y risas,
pues lo mío son pesares.

Paseo por las Ramblas, mi querencia,
oculto entre árboles y fuente.

Envidia me da la indiferencia,
caminando entre la gente.

No quieren mirar la tristeza,
pues en verdad hermana.

Ni tienen ojos ni les interesa,
saber de donde mana.

Y en cualquier lugar y día,
sólo hay penas llegando desde abajo.

No hay para mí diversión ni trabajo,
ni nada que me traiga alegría.

Cuando entro a la cervecería trato de no hacer ruido,
y para pasar inadvertido me siento tras la sillería.

El mesero, el conocido que tengo,
huyendo del dolor que emano me tiende un bocadillo de serrano
y yo para una cerveza lo detengo.

Lo trago con largos sorbos de la caña,
con la cual, experta maña,
antes de que con trapo sean limpiadas,
frente a mí hago Audis y olimpiadas.

Mas tarde, casi al ocaso,
con una extraña sensación
me siento en el malecón
a mirar zarpar las golondrinas.

Y la envidia no es por bogar
ni por no poder ir a tu encuentro,
sino porque estoy solo y vacío, sin alas para volar a tu recuerdo.

Y con odio que hace odiarme,
patético engendro solitario
que me asquea a diario,
me lleno de burla al mirarme.

Ese ser no soy yo.

Fue otro el que no suplicó,
antes de perderse en la nada,
que estuvieras a su lado
para trocar la noche en alborada.

Ahora, en esta silla vieja,
agotado de tanto amarte,
sigo pensando en llamarte
pero el miedo aconseja:
No seas idiota,
si vivir quieres no te la juegues;
es tan pequeña la brasa
que te mantiene vivo,
que el simple vuelo de la carta,
sin abrirse en las manos
de quien a otro ama,
con silencio soplará
sobre escuálida flama.

Es cierto:
En sueños me he visto,
recargado en la pared
estrujando tu carta donde he leído:
Después de tanto esperarte te he arrancado del corazón;
tú estabas alejado de mi amor y él vivía para adorarme.
Y sé que no es ése quien termina por matarme.

Por cierto:
Si estoy muerto, helado,
sin importar que cuando llegues
del corazón sangre riegues,
¿vendrías a mi lado?

O si me volví un loco agresivo,
al comprender que el pasado
no alcanza para estar vivo,
¿te quedarías hasta verme curado?

No, que nadie te pregunte,
que el silencio quede callado.

Pues qué más puede pedirte
quien te ha abandonado.

Sólo morir con palabras
de amor en sus labios.

¿Pero de que qué sirven éstas,
si nunca trocarán resabios?

En verdad que todo acaba
como uno anhela,
y a mí, por no querer tenerte
y castigarme con tu ausencia,
lo que pedí a gritos
es lo que me condena.

Bueno, ¡ya!

En la soledad de este cuarto de hostal,
antes que de tanto pensarte
me quede dormido
arropado en tus encajes
(no puedo sentir mayor coraje
que imaginarme al despertar,
en medio de la nada,
bruñendo la esperanza),
esta carta destruiré.

Prefiero vivir entre lo posible,
a esperar algo para ti imposible.

Al jalar la cadena del inodoro,
viendo girar los pedazos,
en vorágine tragados,
tentado estoy a meter la mano.

A pesar del dolor que significa
perder la última ilusión,
sé que hago lo mejor:
Cuando pienses en mí que sea
como el que te abandonó
en lo sublime de la pasión,
y que nadie, nunca, te diga:
Ese maldito que odias,
ése que te dejó,
es el mismo que un mal día,
por tu amor murió.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Su voz trocada en melodía

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:04 pm


Su voz trocada en melodía





Su voz trocada en melodía,
fue solaz y dulce puñalada,
cual verdad que me escondía,
en noche de negro apretada.

Sus ojos, semejantes a lluvia sobre arena,
en el níveo rostro ponían algo de morena.

Eran crepúsculos, eran la aurora,
con los cuales Dios marcó mi hora.

Al verte tan hermosa en mí renace,
a pesar de los pesares, la pasión primera,
y pienso en la majestad que te venera,
cual si fuera un dios que todo hace.

Su risa, vuelta río que fluye solitario,
al no encontrar piedad mi escapulario
era agua tornada en felonía;
eco muerto entre el cauce de la agonía.

Su palabra, vuelta tempestuoso torrente,
se alejaba de mis mustias riberas,
y al no regar mis primaveras,
un cardo en el corazón brotó indiferente.

Insufló en mi boca su aliento
y su presencia se volvió mi todo.

Después, golpeándome como el viento,
me arrojó cual cerdo en el lodo.

Sus brazos fueron doliente refugio
hallado entre huesos, cráneos y tumbas,
cuando poseso sufrí el artilugio
y caminé entre penumbras.

En la mente, con sonido disparejo,
me ilusionó con amores y arrojos,
y hoy, cuando esos sueños no festejo,
sólo quedan míseros despojos.

La boca, furia rojo fuego,
lame indolente la pira,
donde se abrasa mi ego
y mi alma, ansiosa, expira.

Su voz trocada en melodía,
no cansada de hacerme daño,
anhela venderme la alegría,
de que me ama como antaño.

Mas no sabe ella que de amor morir,
para no abjurar de la suerte,
es una de las cosas que al sufrir,
le da sentido a mi muerte.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Escucho la tempestad

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:14 pm


Escucho la tempestad





Helada azul agua que se embarra a esta piedra
vuelta mi cuerpo,
escurres en silente catarata
erosionando lo que,
aun cuando parezca,
no ha muerto.

Escucho la tempestad y descubro, desencantado, que no son,
lo que bebía yo con fruición,
las lágrimas que de pasión tú gemías,
sino las que saben a dolor, las mías.

Escucho la tempestad y pienso:
Ha sido mucho el tiempo de amargura
en medio de esta obscuridad de negra roca,
ha sido mucho el tiempo de locura,
sin cobijo de la lápida que me toca.

En medio de la tempestad
cruzo por el viejo puente,
que similar a pájaro me ubica
sobre la embravecida corriente,
del río que en su mano se imbrica.

En relámpagos asoma la soledad amarga,
como siempre de nostalgia precedida,
y la angustia en la baranda me recarga,
al preguntar si esto es despedida,
o abandono vuelto tempestad
rugiendo de amada boca,
de la que un día tuvo potestad
antes de volverse loca.

Ingenuo a la soledad pensé cruenta,
pero lo que conocí no es nada,
al ver la que hoy se presenta,
vuelta sangrienta puñalada:
Cae de los ojos hecha lágrimas y es por gélidas aguas arriada:
transparentes estigmas surcando el iris de mi mirada.

Y se humedecen de frío los huesos de una sombra que atracción no llama.

Y se empapa una máscara
que cubre a la nada.

Y sé que podría saltar
sin que alguien le importara.

Alguien que cerca de aquí,
pasos de sombra alargada
que resuenan tras de mí,
me asiera con mano mojada.

Pero son tan indiferentes los pasos
de quien detrás de mí cruza,
como frágiles son los lazos
de quien fuera mi musa.

Asolado por la voluntad
de que perezca en su ausencia,
al escuchar la tempestad
me parece que grita, ¡Prudencia!

Mas por ella he de morir
para que sufra remordimiento;
no voy a darle gusto de vivir
para gozar con mi lamento.

Escucho la tempestad caer indolente;
vuelta memoria hecha condena,
dolor capturado al perpetuar la pena,
de ahogar con su riada a un inocente.

Y calado por esta lluvia negra
mi ser endeble balsa semeja,
que en busca de refugio se aleja
pues la muerte hoy no le alegra.

Sólo vivir en su huella
es lo que se me antoja.
Cruel paradoja
es no querer morir por ella.

Naufrago entre la espuma del cerebro al recordarme en su corazón escoria,
y tocado por el sacrificio que celebro,
me desguazo y le doy fin a la historia.

Escucho la tempestad
y el espanto es más que miedo:
En esta expiación no hay prestigio:
zozobrar sin el menor vestigio
de aquella pasión primera,
es como ir en pos de una quimera.

Escucho la tempestad sin sentir las pesadas gotas
que golpean mi cabeza,
pues sólo sé de las que caen,
para ungir a quien me mata,
a través de una fractura en el alma
que estrellada pupila delata.

Escucho la tempestad y en ella mana el sentimiento,
hoy erigido en potestad, de la alegría vuelta tormento.

Pues con sus miles de voces
aprendidas de utopías,
para venderme falsos goces
de ella canta en negras sinfonías.

La lluvia, aquello que me empapa,
me deja en el puente
sin poder renunciar a mi amada.

Escucho la tempestad
y nada te dice de mí,
de quien es tu amor y constancia;
con la crueldad que temí,
te hielas sangre y sustancia.

Escucho la tempestad
y con ella hablo y sé que miento.

Mas lo hago para adquirir voluntad
que le dé razón al sufrimiento:
Ya mis pensamientos no te corresponden y mis labios,
éstos que nunca te besaron,
ya no te buscan, indiferente blanca hoja,
ansiosos por fenecer en tu profundidad roja.

Escucho gritar a la tempestad:
La mentira no sirve de nada.

Porque hoy la borrasca,
usando voces de tristeza,
pálida agua socavando la entereza,
hace que mi dolor renazca.

Escucho la tempestad
y al verme casi enloquecido,
mientras su sombra acaricio,
me doy cuenta que la he perdido
y abomino de tal suplicio.

Esta pena que angustia,
nube cargada de tormenta,
cual horrífico mar revienta
sobre mi cabeza mustia.

Y sé que he de dormir
para alejar lluvia y estruendo,
y sé que he de morir
para matar el recuerdo.

Escucho la tempestad y su indescifrable juego;
vuelta tirana potestad, con alaridos le ruego:
Dale otra voz al viento
porque hablarle debería,
de mí que al pensarle aliento
y por su lástima, moriría.

Reacio por un dolor
que no transita la muerte.
Alejado de mí por odio que hiela
y repite la imagen devastada
de un gris lamento.

Pleno en riadas de agua mutilada
por ojos que no pueden confinarla.

Embebido en temor que se desgasta
y rompe en miles de pedazos
de quimérica añoranza.

Bajo la piel,
que no es más que helado manto
de profundas grietas y escarcha.

Bajo los ojos,
que acarician veladuras
que ocultan surcos abiertos
en carnes esquilmadas.

Bajo el alma,
de estratos cuyas capas son perdones
que no alcanzan a salvarla,
y sobre todos ellos el corazón amargo
de la indolencia y apatía.

Desolado entre la cauda
de un sueño sin espejos
que dupliquen su figura,
que desdoblen su presencia,
que glorifiquen el tálamo
donde sueñas un sueño donde mueres;
suspiro preso en garganta enterrada.

Negado en un eternizar la pena,
en un proferir eterna condena,
y ansioso de cubrir el cuerpo
con inconmovible presencia silente
de ventura melancólica,
cierro ojos para confundir
esta mano negra
en castidad de estrella.

Lamentos ahogados
en fosas irisadas.

Imágenes del pasado que se reflejan
en negras pupilas para desenterrarlas.

Repleto por trozos arrancados de carroña,
cuerpo escarnecido y desgarrado,
similar a pendón de sucia sangre
y miedo entramado.

Jirón tremolante,
con gritos de victoria es arriado
por aquellos que le derrotan,
y alegres y exaltados,
viéndote zaherido y mutilado
y por fin humilde, caído y castigado.

Moribunda llama en negra roca
de frío acantilado.

Hombre y destino enarbolados
por cruel mano de tirano.

Esquirlas de hielo vueltas palabras
que escupen en rostros maldiciones milenarias.
Continuum espasmo de tiempo innombrable
en su perpetuidad de hombre,
que en sí mismo se repite y desgrana
en miles de cuentas desperdigadas
entre el vacío de la nada.

Se tiembla al contemplarse cual pálpito
hecho corpúsculo y anatema
en la olvidada oquedad repleta
de pútridas miserias.

Y estás y moras entre amorfos dientes
y cuencas de blanquecida calavera.

Cabezas que ruedan allá,
donde se pierden restos mortales,
de los que en altar intentan confesarse.

En reticentes trozos fracturado
para hablar de aquello que le sujeta
con delgados alfileres a un todo
reverberante de fuerza primigenia
en el craquelado pecho,
vuelto cóncavo universo.

No es más que crepúsculo del hombre apagado
para florecer tinieblas sempiternas
del vacío anunciado.

Se transforman, dermis y creencias,
bajo la voluntad de cruel mago,
y al hacerlo sonríe con afiladas dentelladas
de acero y mármol.

No queda más que delgado manto
para cubrirnos del frío glacial,
vuelto llama quemante,
eternizado en basalto.

Esconderse bajo extendida ala
de aquel que semeja santo
y es sólo la Muerte que,
misericordiosa, se acerca a nuestro lado.

Y fue así que un día despertamos
envueltos en ruidosa bandada
que rompía con furiosas aleteadas
la frágil y anhelada calma
hecha de espuma y agua reventando
en la mellada costa de las entrañas.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / La noche que no se va

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:19 pm


La noche que no se va





La noche que no se va, cae sobre mi persona.

Agua la noche semeja,
negra agua de profundo pozo,
al ahogar el solaz que deja
un recuerdo amoroso.

Es agua cayendo terrible sobre un hombre solitario,
cuyo destino, risible, es morder la pena a diario,
de llevar, atado con cadena,
lo poco que el amor le ha dado.

Es de vagar la condena,
hasta los sueños calado,
en busca de mítica mujer sin querer comprender,
agradecido de tal engaño, que ella se marchó hace un año.

Un año en el cual mi destino ha visto arraigar el engaño,
vuelto mayor desatino, de que ella no me hizo daño.

Ah, execrable obsesión donde existo,
que no puede paliar la negrura
de una noche signada de amargura,
por la bondad a la cual me resisto.

En ella está grabada la fiereza
del desamor y la incuria;
es esta ración de dolor y tristeza
vuelta en mi alma penuria.

Sé que es agua de dolor plagada,
su voz acuosa sólo habla de ella,
dentro de la mente desamparada
que alguna vez se vio estrella,
buscando, por lo contrario, volver la tempestad eterna,
sobre un cuerpo milenario encerrado en una caverna.

Agua cual sombra embozada,
oculta a la mujer que me alejo,
para no hablar de la cuita pasada
y todo termine en reflejo.

Pues el amor que un día fluyera
cual torrente de lluvia fresca,
agotado hizo que huyera
en pos de otro que se la ofrezca.

Las frías gotas se tornan esferas donde se asoman deformes caras,
cuyos ojos son los que esperas para que al perderla no pecaras.

Agua que paga con cólera
la tristeza que le turba.

Es mujer que no hace solera,
dentro de aquél que sueña con tumba.

Y sin ser más que un efluvio
donde zozobra mi credo,
hace de la lluvia diluvio
para estremecer el miedo.

La noche que no se va, posee un execrable signo.

Con un ademán me devuelve,
su mano en el aire lo dibuja,
adonde antes vivía.

Cierta que me mataría,
corazón que con la otra estruja,
así mi destino resuelve.

Tal seña que sobre mí se abate
me hace recordar cuando fui hecho jirones
por bella moza de diluido nombre,
y cansado de vagar sin ilusiones
por la maldición me hice hombre.

Un hombre que recordará por siempre
que ante el amor lo único sabio
es quedarse quieto, callado,
pues la fuerza que le somete
es la misma que le ha castigado.

Y con dedo cual afilada garra,
fingiendo falsa alborada,
la piel del día desgarra
para negarme morada.

La noche que no se va, tiene amargas palabras.

Brotan de muerta boca para enloquecer la cordura;
es como si la voz que me toca se tornara en extraña figura.

Sin estremecer los suyos,
al susurrar en mis oídos,
su voz son murmullos
madurados en alaridos.

Y sirva su voz etérea y desolada,
vuelta cruel y sordo aullido,
para gritar lo que ha sido
la tragedia de la ilusión errada.

La noche que no se va, repite su presencia.

En la soledad de esta sentencia,
es mancha que nubla y macera,
lo más profundo de su presencia
es el horror que me lacera.

Para impedir el pensamiento
con su muerta mano me aferra,
pues es terrible sometimiento
la presencia que me encierra.

A su ardor lo transforma en vileza, en la cual me enfango furioso,
por no volver al instante glorioso que aleje del alma tal franqueza.

La noche que no se va, es mi pena.

Porque con ella retorna
la despoblada región
que una vez fue mi condena.

Esa donde el amor se torna
en cruel decepción, cual de esclavo su cadena.

Cuánto agradecería otro dolor,
que haga de éste una alameda.

Cómo desearía otro amor
para trasmutarla en falsa moneda.

Este amor no conoce remisión y tiene extraño sustento:
es el jadear con pasión de mi trastornado aliento.

La noche que no se va, es una sombra.

Y si la noche es una sombra y una sombra una silueta
y una silueta un cuerpo,
¿por qué éste,
hecho en verdad mi derecho,
no se materializa
para romper tu silencio?


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Hoy ya no es para mí

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:25 pm


Hoy ya no es para mí





“Desde hoy, de ti, ni me acuerdo”.
Sentenció con voz calma,
y condenado a vivir en el desprecio,
sé del dolor que castiga y corrompe
y me obliga, en un trozo de nada,
con dedos torpes a moldear su cara.

Y digo:

¡Era mía...! ¡Era mía...!,
para recordar que me perteneció un día.

Sí, era mía, porque hoy ya no es para mí
y solo y abatido veo como se aleja,
con una fortaleza que le envidia
mi corazón empequeñecido
por la terrible condena,
que es el vivir sin ella.

Y no hice nada por detenerla,
porque nada funciona en este cuerpo
que a respirar se niega.

¿Pensaría que su adiós no me importaba?

Ojalá haya mirado estos yertos brazos
caídos sin vida al lado del seco tronco
que aprisiona mi corazón.

En un instante de arrebato
buscaron destrabar del polvo,
las aferraba con dedos vueltos ramas,
a mis enraizadas piernas
clavadas cual raíces en esta tierra
que hoy es mi morada.

Tal vez miró cuándo inútiles se secaron.

Tal vez descubrió que su adiós mata.

Tal vez supo que vale más amar
que ser amada.

Para ridículos que se le ocurren
a una mente destrozada;
como los adioses le aburren
se fue sin una mirada.

Dentro de esta corteza que de tan seca
pronto la harán corcho,
lo poco de corazón aporrea la madera
al perseguir a mis ojos perdidos entre el pliegue del arbusto y sus pestañas.

Tiene que volver a ser mía,
como antes fueron sus besos,
sus caricias, sus deseos.

Va a ser de mí.

Mis últimas palabras
mas no mis movimientos,
porque los ojos se cierran,
espantados de espantar
con esa mirada,
lo que incrédulos contemplan:
es la engañada y postrer ojeada
de la figura que, acercándose,
con amor me llama.

Las raíces arañan hierbas y suelo,
que se estremecen ceñidos
en la espesura de mis sueños.

Con ese divino mandato
caminan los árboles,
cuya fronda es mi cabello,
y se estrenan trinos
entre las ramas de los abetos,
que brotan, de mis labios cerrados,
en pálidos lamentos.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Sombra del pasado

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:30 pm


Sombra del pasado





Sombra de un pasado que perdura
y no reconoce presente,
del futuro abjura…
pues es crueldad inminente.

Ah, sombra que vive encerrada,
la luz de sus ojos no me baña,
ella te condena con cruel saña
a no ver la luz de su mirada.

Pues ya no me quiere
y sólo tienes estos míseros
pedazos de mi ser,
que no sirven ni para ensuciar
el traslucido cristal de la ventana.

Recuerda:

No te permiten nacer estas tinieblas que me funden,
y son todo lo que has de tener pues conmigo te confunden.

Sé que exclamarás al verte triste y apagada:
Mejor hubiera sido perderme entre la nada!

Mas en ella se esconde lo peor
que te dio vida y forma.

Es la última mirada de quien
un día nos olvidara.

Quédate en la parte de mi ser,
siendo mi tortura y a ti no te da forma,
es lo único que nos da refugio
y de cierto modo nos conforma.

Dale gracias a tu suerte
que esa mirada permanezca oculta.

Al ver indiferencia peor que muerte,
ella nos condena sin disculpa.

Pero si, aún así, quieres nacer,
hazlo con la figura
que evoco del tiempo de la cordura.

Sí, ésa.

Ahora, extiéndete hasta sus pies. Así, tócala...

Cómo me duele ver que no la notas cuando con placer tu tobillo toca.

Y me duele por saber,
terrible noción vuelta condena,
que ella es de mí lo más cercano a ti.

Y me angustia el no saber si, rogando,
podría vivir fundido en mi sombra.

Y me encela si dicen que no,
pues vive cuando la nombra.

Y que te acaricie me rebela
y te dejes hacer sin ponerte roja.

Nunca tocada por este amor en vela,
fuiste para mí inmaculada hoja.

Sombra que repite un rostro,
cuya silueta,
sin rasgos que la definan,
dibujo con un afilado lápiz
que rasga el papel con su encono,
no dejes que la razón
ilumine mi tesoro.

Bien lo sabes sombra agobiada:
si deseas trocar el desatino,
pídele vea el agua salada
que en mis mejillas puso el destino.

Sombra en mí prisionera,
por favor acalla el murmullo
de que regrese a su vera
así sea sin orgullo.

Pues sé que para ella
no hay llanto ni angustia
que le hable de mi penuria
y en la indiferencia haga mella.

Sombra, su sombra...


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Miro un espejo

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:32 pm


Miro un espejo





En la profundidad negra de un espejo,
entre borrosas imágenes
de mujeres que allí se vieron,
la sombra de tu cuerpo
se perfila como ayer,
cuando a mi lado te mostraste.

Al recuerdo de tu cuerpo me repito
y en mi manos (mis rotas manos
que te aprisionan en detener
un adiós que siento cercano)
tu negra cabellera se obscurece al caer sobre la tersa carne de la espalda.

Trato de elevar rumores y caricias mágicas
para trazar círculos a tu alrededor
que te detengan, que te detengan
lo suficiente para sumergirme
en la cavidad de tus senos
y plantar en ella un beso,
el estandarte de mi corona,
que diga que por fin te tengo.

En la profundidad del espejo
rescato tu perfume y tiemblo,
ansioso de llorar por tu contento,
sin importar que yo esté muerto.


Miro un espejo
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / La angustia de tu ausencia

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:37 pm


La angustia de tu ausencia





El tiempo se termina implacable
y aún persiste la angustia,
la angustia de tu ausencia,
que en un tiempo pensé se mitigaría.

Han pasado muchos años,
muchos brazos extraños
nos han estrechado,
muchas bocas se han cerrado
en torno a la nuestra
y aún persiste la angustia,
la angustia de tu ausencia,
que en un tiempo pensé se mitigaría.

Cuántas veces me han sorprendido
con la mirada atisbando
más allá de lo conocido,
en espera de poder olvidar tu olvido,
pero aún persiste la angustia,
la angustia de tu ausencia,
que en un tiempo pensé se mitigaría.

Soy como el viejo farallón
que mira desgajarse su ladera
por el golpe de la desilusión,
y como él podré cambiar mi faz
pero nunca alejarme de tu amor.

Y no porque no pueda
alejar al mar que me castiga,
sino porque aún persiste la angustia,
la angustia de tu ausencia,
que en un tiempo pensé se mitigaría.

Esta necesidad de olvidarte,
de acabar con todo lo que te recuerda,
es más bien ansia por no encontrar razón
a seguir viviendo en medio de la angustia,
de la angustia de tu ausencia,
que en un tiempo pensé se mitigaría.

Terrible angustia que me ha hecho despertar,
después de que en sueños te he tenido,
desolado al ver que todo fue una ilusión,
un sueño forjado por la mente
al saber que le falta fuerza al corazón.

Y pienso en la muerte,
porque no hay muerte más cruel y terrible
que despierto vivir en medio de tu ausencia y desearte, ardientemente,
sabiendo, implacable conocimiento, que nunca conmigo volverás.

Sí, lloro tu ausencia
con menoscabo de dignidad,
pero, ¡cuántas más lágrimas vertería
si con ello te lograra olvidar!


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Sombra aciaga

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:45 pm


Sombra aciaga





Vete, sombra aciaga.

No intentes posar tu negrura
en busca de terminar tu tormento,
pues pálida parece lamento,
un grito desesperado de ternura.

Sí, vete.

Tu insistencia me tiene harto.

No arranca un suspiro, una queja,
ni la soledad del corazón aleja;
sólo entristece este maldito cuarto.

¿No ves que la obscuridad
se viste de mi alma?
y tu exangüe ropaje,
raído manto de viuda,
albea ante lo que brota,
ennegrecido por la más
profunda penumbra,
de este miserable
al cual hoy no le espanta
tu ridícula arrogancia
y lo que te alumbra.

Mira:

Es de aquí,
de este pecho que golpeo
lleno de odio y desencanto,
de donde manan,
teñidas de la tinta bruna
del abrumado infierno
en que se han vuelto mis dudas,
las sombras verdaderas
que hacen que mi dolor
te duela tanto.

Escucha:

Estas coplas que cantan mi tortura,
con nervios vueltos cuerdas,
cuando yo penaba, ¿te acuerdas?,
las he tañido con amargura.
Hoy las quieres hacer tuyas.

Ten cuidado, no seas malagradecida.
Al brotar de tu boca ennegrecida
te matará cada una de sus puyas.

Si no, que lo diga tu patético canto:

(Por favor, escucha mi ruego.
No debes morir,
porque al hacerlo,
será más negro el recuerdo.
El recuerdo y la vivencia
de un amor no muerto.
No mueras…)

¿Engañarme he buscado al escuchar como me nombra?

¡Ojalá pudiera, engañado, morir envuelto en tu Sombra!

No tú, sombra absurda
de ridículo pesar,
sino la que sin pensar
plantó cual difunta.

Esa que no sabe de refugios,
deja a mi amor en su infierno,
y sí de helarse sin artilugios
en un cruel y desolado invierno.

No, no me deja en su invierno.
Ni siquiera de esa fortuna disfruto.

Me despreció signándome al averno,
pues me comporté como un bruto.

Le pido humilde a su sombra,
ya que mi única culpa punible
es amar lo que para otro es posible,
que tenga piedad de quien la nombra.

Morir e imaginar,
agradecido,
excelso sueño,
que me besa algo
más sublime que la muerte,
posada en los labios
que tanto anhelo.

Morir y lograr lo que ahora sueño.

No, qué pena morir por ella
y ella para mí ni un recuerdo.

Malsana sombra sin espíritu
que vive por mi muerte,
haz algo, lo último, por mí:
Elévate hacia su rostro
y arrebátale un suspiro
para posarlo en la frente
de quien muere por su olvido.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Déjenme seguir durmiendo

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:48 pm


Déjenme seguir durmiendo





Qué difícil es luchar contra la realidad,
cuando ésta, cruel, te habla claramente.

Lo que debieran ser simples palabras
se agigantan ante esta aseveración:

¡Qué espantosa e inmisericorde
enemiga es la verdad!

Duermes entre horribles visiones
de pesadillas nunca vividas
y exclamas, ansioso, al
despertar:

¡Déjenme seguir durmiendo!

Hablas con tus amigos
y descubres la burla en sus miradas
y dices, a solas:

¡Déjenme seguir mintiendo!

Qué patética resulta la realidad,
que tenemos que mentir
y soñar para encontrarle significado
a una vida que ni siquiera,
espantado porque es todo lo que tenemos,
nos atrevemos a abjurar.

Por eso yo la odio y la abomino
con tal fuerza que me espanto.

Y sé que ni mintiendo podré cambiarla,
o soñando derrotarla.

Tan sólo queda mi muerte
para golpear su inmutable rostro
con la fuerte bofetada de un suicida.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Mala tarde

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:50 pm


Mala tarde





Mala tarde, desconfianza,
me dices fría al matar la pasión.

Qué terrible desesperanza
y tú, dictando mi perdición.

Llega el desconsuelo
abruptamente ante mí
y la tristeza me planta duelo
para no olvidarme de ti.

Inmenso sufrimiento y tortura
es estar sin tu calor.

Maldita e inconsciente locura que me priva de tu amor.

Malhaya la desventura con que castigas mi sinrazón.

Qué pena tan gris y dura, y tú, indemne en el corazón.

¡Ay, cuánto desconsuelo!

¡Ay, cuánta tristeza! y yo, sólito con mi dolor.



Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Nunca te importé

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:52 pm


Nunca te importé





Hoy quisiera decirte mis desgracias
para hacer de ti mi último bastión,
que salvaguarde mis esperanzas
y rompa mi trémula canción.

Necesito que conozca mis anhelos
y veas la tristeza de mi corazón,
un corazón pleno de desvelos,
que desgarran los límites de la pasión.

Yo te quise y tú nunca lo entendiste,
rodeada por tu aureola solemne,
te amé con el amor que no me diste
y nada dentro de mí quedó indemne.

Y así me pregunto,
¿quién sufrirá más?:
¿yo, el no amado,
al cual ni se le permite el llanto,
o tú que vives en tu mundo
sin escuchar mi canto?

No contesto porque cualquier respuesta se amoldaría a mis deseos.

Pero me basta verte,
impávida cual frío lucero,
para saber que la llama que me consume
nunca lamerá tu ruedo.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre


Jesús Corona / Viernes por la tarde

Notapor Demian el Sab Oct 24, 2009 12:57 pm


Viernes por la tarde





Es viernes por la tarde de una semana cualquiera,
de un año miserable,
y yo, más muerto que vivo,
busco algo que me ate a este mundo
y pienso que ese simple pensamiento
encierra solapado deseo de persistencia
y me odio por esa debilidad;
quita lo último de hermoso
a una vida signada por la lucha
en contra de la complacencia y mediocridad.

Es viernes por la tarde
y yo, mirando los tornasolados colibríes
que con alas que la velocidad esconde
zumban dentro de mis oídos,
pienso que no es un viernes más,
sino el más triste de mi vida,
¡y mira qué es difícil decir eso,
cuando se ha llevado tan desolada vida!

Los contemplo revoloteando sedientos
del agua azucarada que la mujer les pone,
hacia las falsas corolas
los largos picos entornan,
y me digo: qué imbécil he sido
al luchar en contra de la felicidad;
si la hubiera hecho mi aliada
algo habría fructificado en esto
que no acaba por llamarse desgracia.

Es viernes y en arrebato de alas emplumadas
que descienden suave frente de mí,
hermosos y rojos gorriones,
sin amenazas ni peleas,
caen del cielo en busca del alpiste
que tapiza losetas de barro
y con lluvia florece
en alargada hierba
que es manjar para el gato.

¡Por lo menos hay alguien que disfruta!

Entre ellos, espero,
¡pensar que aseguré siempre reconocerla!,
esté sarita que no sabe ya
de paredes ni barrotes.

Es viernes y pleno de tristeza miro acercarse,
con pasos flacos y torpes,
pero su arriada ala los semeja
a veleros en ardua regata,
a grisáceas tórtolas que abanican el aire
al esgrimir belicosas las alas,
para alejar a las otras del almuerzo.

Las sé de cortos ciclos de vida:
cesan vuelo e inflan plumas
transportadas a la jaula
donde de tarde en tarde
regresan al incorpóreo cielo,
por lo que la pena arrincona al disgusto.

Hoy es viernes y el sol cae a plomo.

Atraída por el jolgorio
que revienta en los cristales,
la gata, mi candy,
los observa tras el translúcido perfil
de la desnuda ventana.

Ingenua asume posición de cazadora
y lentamente, tan lenta que se ha quedado
dormida a mitad de la cacería,
se aproxima a ellos que,
en un romper el aire tronando en los oídos,
levantan, con un poco menos de miedo
hacia esa figurita que desganada
acaricia el vidrio con las garras,
el vuelo rumbo a ramas.

Posados desde allá atisban su presencia
en espera de su ausencia.

Es viernes y empieza a llover
con gordos goterones
que no logran espantar al colibrí,
mas refugia pájaros y gente.

Hoy es viernes y todo,
simuladamente, es igual.

La candy, los pájaros, el sol, la lluvia,
me dicen que nada ha cambiado:
todo es igual a cuando era feliz
y debo hacerles caso: ellos conocen mi dolor.

No poseer una mirada
de esa mujer indiferente
y de la dulce amargura
permanecer carente,
no es la realidad.

Sólo es aquella que gritan,
fuera de la ventana,
las voces sabias de la naturaleza.

Las mismas que dicen:
“Del dolor germina la simiente de la creación,
la cual te liberará de esta punición”.

Hoy es viernes y deseoso de luz,
de esperanza.
voy a creer en sus palabras;
tomaré los instrumentos del arte
para, pensando en ti, pintarte.

En esto del sufrimiento soy un maestro,
capaz de hacer del dolor algo sublime,
que sirva para hacer un verso que rime
y así compartir este pan nuestro.


Jesús Corona
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 3424
Edad: 42
Babylons: 1003539
Donate
Registrado: Vie Oct 24, 2008 9:47 pm
País: Mexico (mx)
Sexo: Hombre



Volver a Poesía

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado


Parse error: syntax error, unexpected '}' in /home/babyloni/public_html/cache/tpl_Warhammer_overall_footer.html.php on line 8