Cada quien su calvario

Chely nunca ha ido a Los Cabos ni conoce Xcaret, con lo que le encanta la playa. Cuando Miguel Ángel le platicó que se iba de vacaciones a la playa ella recordó los planes que tenían cuando eran novios abrazarse frente a una puesta de sol mientras la playa acariciaba sus pies. De película.
Pero lo suyo acabó como una mala telenovela porque sus anhelos se congelaron igual que un filete de pescado. Chely se casó con un tipo que nunca la valoró y ahora piensa en dejarlo. Miguel Ángel cumplió lo que prometió: nunca se volvió a enamorar de otra. Hoy, ambos son grandes amigos. Él la sigue esperando. Ella quisiera que él fuera el padre de sus hijos y sonreír para las fotos. Nada más triste que añorar lo imposible. JoaquÍn Sabina tiene razón cuando canta eso de que "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió".
Sentada frente a su amiga Diana en aquel restaurante, Chely mira la botella de Martell y suspira con ganas de que sus rutinas se convirtieran en besos de pasión."Nunca he dejado de amarlo", platica con tristeza. "quisiera que mis cielos fueran mas hermosos a su lado". Diana trata de ser solidaria: "¿Y por que no te divorcias?". Chely apenas la mira, 'porque Héctor no quiere que nos separemos y dice que me quitará a las niñas". Mala señal. "Pero dices que te engaña", agrega su amiga. Ella no está segura, "bueno, eso creo pero no me consta... si al menos pudiera probarlo". Diana mueve la cabeza en tono de desaprobación. Ambas saben que hay calvarios que parecen no tener fin. "Miguel Ángel es el amor de mi vida, pero me di cuenta demasiado tarde", se reclama Chely. "Bueno, al menos tú lo has encontrado, tarde pero lo has encontrado hay mujeres que nunca lo encuentran", Diana la reconforta. "Tienes razón, salud por eso". Y levantan su copa y brindan por los imposibles."Pero algún día me escaparé con él", Chely suena atrevida y vuelve a levantar su copa.
-O-
Una mujer empuja sin querer a Israel quien sólo voltea con gesto de fastidio. La gordita ni siquiera ofrece una disculpa. Vale madres. Israel detesta los tumultos, le enferma tanto ruido, pero trata de evadirse y se sienta para tomar el sol, "papi, papi, enséñame a nadar", dice una vocecita. Él sólo quisiera quedarse inmóvil, cerrar los ojos e imaginar que está en el Caribe. "Ahorita voy, mijita", responde a la pequeña. La niña se aleja corriendo, feliz, mojada, a hundirse en aquel mar de sudores mezclados. "Juega un rato con tus hijos", quien se ha acercado ahora es su esposa, por que yo ya me cansé". Israel la mira con algo que podría definirse como rencor. De mala gana se para, va hacia la alberca y sus niños se acercan.
Brandon, a sus seis años, es igualito a él aunque más cabezónico. Stephy se parece a su madre, pero la alegría de ambos es algo que no sacaron de ninguno de ellos. Israel y Montserrat se casaron obligados por los padres de ella. Ahora tienen dos chamacos y sus sueños fueron postergados. Cuando se casó con Montse, Israel se sintió afortunado porque era la chica de la que estaba enamorado. Ahora todo se ha vuelto rutinario. Él dinero no alcanza viven en casa de los padres de ella y la suegra se mete en todo.
Israel trabaja como mesero de banquetes y las propinas cada vez son menos. El quisiera estar de vacaciones en Acapulco, pero tiene que conformarse con ese océano de piernas y brazos en una playa artificial. "Mira, papá, mira, como me echo un clavado", Brandon se avienta de panzazo e Israel se ríe de eso que le parece tan gracioso. Como quisiera volver a ser niño y divertirse tanto. Por unos momentos se olvida de su calvario y juega con sus hijos para reencontrarse con su niño interno. Hasta que un pie le golpea en la espalda. Y vuelve a esa jodida realidad que todos los días le abofetea la cara.
-O-
Hortensia no soporta el calor. Ya está harta de estar encerrada allí, en esa cocina diminuta, haciendo tortillas a mano. Afuera el sol es intenso, pero en ese pequeño espacio la temperatura es propia de la caldera del diablo. De buena gana renunciaría, pero sus chamacos tienen que comer. Además, hace una semana que no sabe nada del borracho de su marido. Seguro anda con sus amigotes. justifica, negándose a creer lo que le sugirió su comadre Eulalia: "segurito tiene otra vieja". Nada peor que la incertidumbre.
Desde que recuerda, ella ha tenido que trabajar y encima de todo aguantar los reclamos del esposo. Ahora, el muy cretino ya no le da gasto. Así que ella debe arreglárselas sola: lavar ajeno, pedir fiado en la tienda, esconderse del casero, pelearse con las cuñadas, malvestir a los niños y tratar de que no la venza el sueño mientras trabaja, Ya esta harta de ese trabajo miserable, pero hay peores y además están escasos. Afuera hace un calor insoportable, pero en su infierno particular las cosas no pintan mejor. Que ganas de mandar todo al carajo. que ganas de dormirse y no despertar. Dios parece olvidarse de todos los que ya lo olvidaron.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico








