Esa princesa vampira / Manual para canallas

Las Historias de Roberto G. Castañeda

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Esa princesa vampira / Manual para canallas

Notapor Demian el Jue Abr 16, 2009 7:40 pm


Esa princesa vampira


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Patricia vive demasiado cerca del tedio y muy lejos de sí misma. Ella es divorciada y tiene ojos verdes pero la sonrisa gris. Trabaja 12 horas diarias en un banco, pero me cuenta que cuando le toca hacer el balance de su existencia no le cuadran las cuentas.
“No sé cuándo dejé de ser joven”, se queja luego de comentar que apenas tiene 28 años. Nunca he sido buen conversador, así que no digo gran cosa. La acabo de conocer hace unas dos horas, bailamos un poco y luego nos besamos. Está algo borracha. Llegó al bar con unas amigas que ya se fueron. Mi cuate Eduardo baila con su novia y no tarda en largarse a cualquier hotel de la zona. Patricia es hermosa, delgada, con curvas magníficas y piernas espléndidas. “Me encantan tus ojos”, musito y la beso. Ella se deja besar mientras acaricia mi nuca, luego se retira y suelta un murmullo: “A mí me encanta que me escuches”. Sonrío un poco y ella percibe cierta malicia. “Pídeme otra cerveza y ya luego nos vamos”, la sugerencia suena prometedora.



-O-



En su departamento no hay fotografías, ni aquellos detalles cursis que delatan a algunas mujeres. Paty, porque me ha pedido que la llame así, me cuenta que hace ocho meses se separó de su marido, aunque apenas están con los trámites del divorcio. El hombre la dejó porque no podían tener hijos. “Llevábamos cuatro años intentándolo, pero le faltó paciencia”. Mmmmm, pongo cara de interés. “Estábamos en tratamiento para que me embarazara, pero él siempre se quejaba de los análisis y me echaba toda la culpa”. A lo mejor él era quien no podía tener hijos, comento y ella agacha la cabeza. “En el último examen que nos hicieron resultó que él tenía la culpa, pero ya no se lo pude decir porque ya ni nos hablábamos”. Cuando ella dice “él tenía la culpa” asiento con la cabeza, aunque mi mente ya reflexiona que así es el amor: siempre hay un culpable. Y por lo general es el otro. Siempre he pensado que las relaciones de pareja son luchas de poder, un constante desfile de estrategias para ganar terreno, para exigir, para pedir algo a cambio: “te perdono, pero sólo si haces esto o si me prometes no hacer lo otro”.


-O-



Luis Miguel suena en la radio con uno de sus refritos. “Antes me encantaba Luis Miguel”, sigue Patricia, “porque a mi marido le gustaba mucho y siempre lo íbamos a ver al Auditorio, pero ahora no lo soporto”. Yo doy un sorbo a mi copa con vino tinto, porque ella no tenía otra cosa. No estaría mal decirle que Luis Miguel me parece un cantante que ha desperdiciado sus facultades en parodiarse a sí mismo, en vez de arriesgar como lo hacen otros cantantes, pero a estas alturas es ocioso. “Cuando estás enamorado, hasta la canción más boba te parece sublime”, le explico a Paty, “y cuando el abandono se instala en tu cama, con todas las canciones se te asoman las lágrimas”. Entonces ella se suelta a llorar. La abrazo como si fuera la mujer de mi vida y ella se acurruca como si estuviera enamorada por vez primera. Aprovecho para besar su cuello, para hurgar con mi lengua en su oído. Ella suelta un suspiro. Tomo su cara entre mis manos, beso sus lágrimas y luego sus hermosos labios. Paty cierra los ojos, se estremece y sus manos recorren mi espalda. Desabotono lo que hay que desabotonar, acaricio lo que se debe tratar con suavidad. Ella se recuesta en el sillón. Mi boca se desliza con suavidad por su seno izquierdo, justo para acercarme lo más posible a su corazón. Paty entierra sus uñas en mi hombro. Justo después de que ella gime, recito una canción de Andrés Calamaro: “Soy vulnerable a tu lado más amable,/ soy carcelero de tu lado más grosero,/ soy el soldado de tu lado más malvado,/ y el arquitecto de tus lados incorrectos”. Intuyo que esta noche será salvaje, porque no hay mejor amante que alguien que ha dejado de creer en el amor... pese a que los románticos nunca falten o aunque los cursis sean un ejército feroz. “Soy inocente de tu lado más culpable,/ pero el culpable de tu lado más caliente./ Sólo estoy sólo y estoy buscando/ a alguien que me está esperando.../ esa princesa vampira,/ que respira y me mira”.



Roberto G. Castañeda
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