Me has borrado del messenger

Estoy sentado, con lágrimas en los ojos, mirando la gente pasar. Un niño me observa con curiosidad, luego con temor y seguro pensará que estoy loco. Únicamente estoy solo, devastado por los recuerdos
Estoy sentado en la misma banca que te conocí, aquella en la que por vez primera tomé tu mano y sentí tu nerviosismo. Enciendo un cigarrillo y miro tu rostro, tu aire de inocencia ahora extraviado, esa sonrisa tan tuya que siempre me contagió. Hoy sólo eres un recuerdo y los autos pasan veloces y los mejores momentos se estrellaron contra mi indolencia. Un policía se acerca y duda en preguntarme si estoy bien, lo miro y hago una señal de aprobación. Él se aleja. No tiene lo que necesito. Me urge un abrazo. Y no hay nadie cerca que abrigue mi soledad. Regreso a mi oficina, miro con desgano por la ventana y quisiera encontrarte sentada, esperando a que salga para darnos aunque sea un beso. Eso no volverá a suceder. Tú encontrarás amor en otros brazos. Yo seguiré escribiendo historias tristes, porque siempre me he empeñado en sabotear mi felicidad. Estoy en proceso de sanación, intentando volver a sonreír, hurgando en mi pasado para recuperar al chico que alguna vez soñó con navegar y conocer países exóticos y enamorarse de los paisajes y coleccionar postales para la posteridad. Hoy soy un náufrago que lanza mensajes al mar, con la remota esperanza de que alguien me salve de mis insomnios, de mis noches de llanto, de tantos pensamientos malsanos que cruzan por mi cabeza. No lo voy a negar, he pensado en el suicidio, pero hay demasiadas cosas que me detienen: el amor de mi madre, la admiración de mis hijos, el dolor que causaré a mis hermanos y el sentimiento de culpa que te perseguiría por siempre. Siempre he sido egoísta, pero no al grado de desgraciarle la vida a toda la gente que amo. Sí, me estoy extinguiendo, he perdido seguridad, se me dinamitó el carácter, pero un buen día despertaré y pondré en marcha los motores que siempre me han ayudado a perseguir mis sueños. Mientras tanto no me atrevo a poner las canciones que compartimos, así que mejor busco señales en otros lados. Como en una rola de Roxy Music o en la voz de Los Piojos: “Ahora que estoy vacío,/ ahora que no hay canción,/ toda la luna cabe en mí./ Ahora que soy silbido/ de alguien que sale a andar/ veo otro cielo alrededor./ Todos esos deseos/ de noche fría y de alcohol/ hoy te los quiero regalar./ El agua me salpica,/ el fuego es realidad,/ me gustaba tanto tu voz”. Y ahora mi celular no suena cada noche, ni cada mañana. Ningún mensaje en el contestador. Me has borrado del messenger, me has echado de tu vida. Yo te echaré de menos cuando más te necesite. Hoy mis cielos son grises y mis pensamientos volarán hasta tu alcoba, esperando que les abras la ventana pero sólo podrán espiar tu sueño tranquilo. Y yo estaré escribiendo la historia de mi vida, sentado frente a una hoja en blanco que buscará sanar las heridas. Y en el estéreo la voz de Calamaro dará testimonio de lo mucho que te pienso: “Soy tuyo, con mi mayor convicción,/ soy tuyo con toda la fuerza de mi corazón,/ que es tuyo, y como cada pensamiento mío,/ es tuyo, soy tuyo”.
-O-
“¿Por qué eres tan mamón?”, la duda es de Natalia, a quien acabas de conocer en esa fiesta tan aburrida de la que ya te quieres largar. En realidad sólo pasa que el ambiente es festivo, pero tu espíritu es trágico. Nada te alienta, poco te emociona. Miras a Natalia. Odias responder con otra pregunta, pero hay ocasiones que no lo puedes evitar: “¿Quieres la respuesta corta o la versión extendida?”. Mmmm, las dos, sonríe de forma tonta. “En primera, pues porque caí por error a este planeta y estoy esperando que la nave nodriza venga por mí”. Ella pone ojos extragrandes, “ay, no seas sangrón”. Prosigues: “Y en segunda, porque es mi naturaleza. ¿Conoces la fábula del escorpión y la rana? Mmmm, lo sabía. Bueno, pues resulta que llega un escorpión, de esos que dan miedo mirar, a la orilla del río y le pide a una rana que lo deje subir a su lomo y le ayude a cruzar al otro lado. El anfibio se asusta, se hace para atrás y le dice, ‘estás loco si crees que voy a hacerlo, tú me quieres picar’. La alimaña insiste: ‘mira, ya va a llover y necesito llegar a ese refugio que esta del otro lado. A mí más que a nadie le interesa cruzar el río. ¿Tú crees que te voy a atacar?, Claro que no, moriríamos los dos’. La rana lo piensa. ‘Es más, si me ayudas, prometo que nunca volveré a hacer daño a las ranas’, añade el de las tenazas. ‘Ok, pero conste que si me atacas nos hundiremos y adiós’, por fin cede la experta en natación. Así que el escorpión sube al lomo de la rana y empiezan a cruzar el río. Y justo cuando van a la mitad, le encaja el aguijón. La rana se sorprende, empieza a hundirse y antes de cerrar los ojos, pregunta ‘por qué lo hiciste, ¡vamos a morir!’. Entonces el escorpión aclara ‘no lo pude evitar, es mi naturaleza’. Así de simple”. Natalia se te queda viendo, “¿qué, eso qué?”. Obvio, no te sorprende su perspicacia. “Sólo es mi naturaleza, no lo puedo evitar”, remachas. “Ay, no te digo, eres un mamón”. Sólo sueltas una mueca. Ella se va indignada. Tú das el último sorbo a la cerveza y te largas sin despedirte de tus amigos, que son unos cretinos aunque no tanto como tú, mi querido Roberto. Estás extraviado. Te sientes fuera de lugar en todos lados. Tu mirada es la prueba de que no te has encontrado. Ojalá que no sea demasiado tarde cuando hagas las paces con todos tus rencores y defectos. Ojalá que un rayo te fulmine y sobrevivas para que logres apreciar las cosas que siempre han valido la pena. Ya quítate esa careta de tipo duro, la pose de escritor maldito; deja a un lado el disfraz de chico rudo. Y entonces dormirás tranquilo, abrazado a una balsa que te orillará a buen puerto. Y serás mejor persona después del naufragio. Y mirarás aquella banca y sonreirás por los gratos recuerdos. Que sólo serán eso: recuerdos.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico








