Para soñar contigo

"Deberíamos ir al Cervantino", sugirió una vez Maryfer como quien dice "quiero un helado de chocochips". Mmm no voy a negar que lo pensé". Mejor nos vamos a Huatulco" traté de negociar sin mucha convicción.
A mí las multitudes me dan weba. "Ay, es que mis amigas de la escuela van a ir", su tono era el típico de hazlo-por-mi-¿si? Esos significaba tres cosas que no iba a ser tan divertido, que pensaban en emborracharse todas las noches y, tres, que cada una iba a llevar a su novio idiota, incluyéndome en caso de que aceptara. Con trabajos soporto a las amigas de Maryfer y todavía tendría que lidiar con sujetos que no saludaría a la entrada de un antro. A mí esa chica me encantaba, no en vano duramos seis meses saliendo en plan de amigovios y sin formalismos. A Maryfer la conocí en el taller de literatura que me atreví a dar pese a que soy un pésimo lector. La paga no era mala, pero a medio curso ya quería renunciar.
De no ser porque esa lana hacia falta para pagar el internet y otros servicios básicos como la Iavanderia. entonces yo no tendría que sudar cada que alguien me preguntaba mi opinión de autores que apenas conocía. A eso había que sumarle los reclamos por no sugerir lecturas más entretenidas como EI Código Da Vinci o los fabulosos libros de Paulo Coelho. En cambio, me empeñaba en mostrarles lo interesante que me parecía la escritura de Truman Capote o John Fante y Milan Kundera, aunque una de mis alumnas dijera una barbaridad como "eso suena a una marca de perfume". Son los riesgos de trabajar en talleres en los que no hay examen de admisión. Yo la repruebo, esgrimí mentalmente, aunque eso no era posible. Pero todo era soportable, con tal de no trabajar en una oficina o bajo las órdenes de mi tío el abogado del diablo.Y además allí conocí a Maryfer que resucitó alguna parte de mí que yacía encerrada en el calabozo más recóndito de mi interior. Lo primero que me llamó la atención fueron sus ojazos verdes. Lo segundo, su cintura breve que hacía armonía con unas piernas fabulosas. Lo tercero la manera en que me dijo "¿a poco tú eres el maestro?. Me reí como idiota y respondí que "en realidad soy el alumno más tímido y estoy tratando de lidiar con mi pánico escénico" Nadie entendió la broma.
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Maryfer me invitó a su cumpleaños, bueno a todos los del taller. Hizo una fiesta en su casa y me pasé un rato platicando con su hermano sobre el cine de Tarantino y sus imitadores. Luego Maryfer se sumó a la charla y su novio me miraba con recelo' como esperando el momento de desenmascarar a ese farsante que se robaba la atención de su chica. Luego, ella insistió en que bailáramos una rolita de U2 y se rió de mi manera afectada de mover los brazos". ¿No eres bisexual, verdad?" aunque de inmediato aclaró que se trataba de una broma. "Oye y la chica que pasó por ti el otro día. ¿era tu novia?", me cuestionó. "Era", aclaré, "ahora es mi amiga y salimos de vez en cuando a chelear o al cine, se extrañó de que me llevara bien con la ex novia y añadió "¿a poco ya no hay nada de nada, porque la chava está guapa? "Nada, dije la verdad y solté el anzuelo, "pero me pareces más guapa tú'. El novio no dejaba de acrecentar su odio hacia mi. "¿En serio te gusto? ¿saldrías conmigo?", pareció emocionada. En realidad me encerraría contigo, pude haber dicho pero guarde las formas, "si no tuvieras novio, me animaría. Y que el diablo va y se pone de mi parte. "Pues fíjate que tienes suerte, porque ya lo voy a dejar", sonó como si me estuviera vendiendo un tiempo compartido en Cancún, a un precio de ganga. Y a mí que me encanta la playa. A sus 26, Maryfér no tenia prejuicios y mucho menos remordimientos. La primera noche que fue a mi casa se quedó a dormir. La última vez casi le prendió fuego al colchón y me advirtió que esa "era la despedida por que conociéndote tal vez no me quieras volver a ver . En efecto, al final se hartó de las rutinas, porque suelo ser un tipo que asiste a los mismos bares, que escucha la misma música, que frecuenta a os mismos amigos. Y ella aún tenia mucha
pila para andar en el desmadre con sus amigas, mientras yo sólo renegaba de lo niñas que eran ''Ay, es que tú eres muy mamón", era su frase favorita. De vez en cuando me llama en las madrugadas solo para preguntar si hay alguien en mi cama, "porque no quiero regresar a quemar un colchón que no ha sabido ser usado". Odio que sólo me hable cuando está ebria. Y aún más que cite a José Ángel Buesa: "Porque aunque nadie sabe lo que a nadie digo/ la noche entera es corta para soñar contigo". Sobre todo porque sabe que ese poema es uno de mis favoritos.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico








